Pasado y Presente.¿Cuándo trascendió la noticia del tiranicidio de 1961?

 

Juan Daniel Balcácer

La noticia de que Trujillo había sido asesinado comenzó a propagarse vertiginosamente la madrugada del 31 de mayo a través del rumor público, primero por vía telefónica entre algunos de los familiares vinculados a los protagonistas de la trama, y también por medio de ciertas personalidades que, tras salir de una cena en el Country Club, pudieron advertir un inusitado chequeo por parte de militares y civiles fuertemente armados. Resultó muy notorio, y por demás sospechoso, el que muchos vehículos privados fueron desviados y obligados a desplazarse por rutas diferentes de las que habitualmente usaban. Una de esas personas, según Bernardo Vega, fue el cónsul norteamericano Henry Dearborn, cuyo automóvil con placa diplomática fue requisado por agentes del SIM que lucían sobremanera nerviosos. Ante ese inesperado operativo, Dearborn le comentó a su acompañante, entonces el jefe de la estación de la CIA en Santo Domingo: “Bob, tiene que haber ocurrido. Estoy seguro de que ha ocurrido”.[1]

El cónsul Dearborn, naturalmente, conocía del complot contra Trujillo, pues había servido de enlace entre una fracción del grupo político y el departamento de Estado norteamericano, en el proceso de gestión de armas y apoyo político para llevar a cabo un plan para liberar al país de la dictadura trujillista. Al cabo de poco tiempo de haber salido del Country Club, y ya en su residencia, Dearborn recibió una llamada telefónica de Andrés Freites quien, hablando en clave, le confirmó que la eliminación física de Trujillo se había producido exitosamente.

Los implicados en la trama, por su parte, también realizaron tentativas para propagar la noticia. Miguel Angel Bissié y Aída Michel –esposa de Antonio de la Maza- dan cuenta de que hacia las 10:30 de la noche del mismo martes 30, Lorenzo Wimpy llamó a la residencia de los de la Maza y le comunicó el siguiente mensaje: “el filete ha llegado”. Esa llamada, claro está, debió producirse un poco más tarde, pues precisamente en esos instantes parte de los conjurados estaban en casa de Juan Tomás Díaz y ya habían tratado de hacer el primer contacto con Pupo Román; de manera que la llamada telefónica de Wimpy a la señora Michel pudo haber sido cerca de la medianoche. De todos modos, al despuntar la madrugada del 31, desde la casa de Juan Tomás, Antonio de la Maza telefoneó a Wimpy y en el curso de una breve conversación le confirmó que “el bistec estaba muy bueno” y que al otro día le enviara más carne. Se trataba de una reconfirmación de que el “hombre” había sido eliminado.

En el entretanto, las autoridades se habían propuesto -hasta donde fuera posible- mantener en secreto la noticia sobre la desaparición de Trujillo, debido a que querían ganar tiempo para: a) evitar un posible golpe de Estado y, b) asegurar que el general Ramfis Trujillo pudiera regresar al país lo antes posible. La confusión reinante era notoria, máxime cuando al despuntar la madrugada del 31 de mayo todavía la familia del tirano, el gobierno y los diferentes organismos secretos desconocían el destino final del Jefe así como las ramificaciones de un complot cuya extensión desconocían. El fiscal Teodoro Tejeda Díaz confiesa que esa madrugada amaneció en Palacio y que llegó a su residencia alrededor de las nueve de la mañana, sólo para ducharse, cambiarse de ropa y de inmediato dirigirse a su oficina en donde, sin lograrlo, quiso aparentar que todo estaba normal.

Pero ese miércoles 31 de mayo, la capital dominicana despertó en medio de una tensa y rara atmósfera política. Se sabe que bien temprano por la mañana algunas familias recibieron llamadas telefónicas, por lo general anónimas, advirtiéndoles que no enviaran sus hijos a la escuela, ya que algo grave, muy grave, había sucedido. Hubo muchas familias que no se enteraron o percataron de lo que acontecía y, por lo tanto, no impidieron que sus hijos asistieran a la escuela, como normalmente se hacía cuando había crisis. (Entre ese grupo figuró quien esto escribe que, como un día cualquiera, acudió al Colegio Don Bosco, en la ciudad capital. Hacia la media mañana, sin embargo, todos los estudiantes fuimos “despachados a nuestras casas”, como se decía entonces, sin ofrecernos detalles justificando tal medida. Recuerdo la alegría que experimentamos varios compañeros de curso, pues el hecho de que suspendieran las clases significaba que podíamos retirarnos a nuestros hogares a practicar el deporte preferido. La decepción, empero, fue notoria cuando al llegar a la casa, fui recluido como si hubiese cometido una grave falta, y lo mismo sucedió con la mayoría de mis compañeros. Es obvio que ya nuestros padres tenían detalles de que algún acontecimiento trascendental había sucedido y en no pocas casas circulaba la noticia de que habían matado al Jefe. Los muchachos, por lo tanto, no podían estar en la calle; había que “acuartelarse”.)

Varias horas antes de que el gobierno dominicano confirmara públicamente la información, esto es, en la madrugada del 31, la esposa del dictador había telefoneado a Ramfis, que estaba en Paris, y le había pedido que retornara al país urgentemente. En esa conversación, María Martínez de Trujillo, al parecer, no le informó a su hijo sobre la verdadera gravedad de lo ocurrido. Poco después, el coronel Luis José León Estévez telefoneó a su cuñado mayor instándole a que regresara de inmediato. Bernardo Vega, citando al secretario particular de Ramfis, registra la conversación que entonces se produjo:

-“General –fueron sus primeras palabras- es necesario que usted regrese inmediatamente…”

El General, que desde que habló con su madre un instante antes, sabía que algo muy grave había ocurrido, hizo un tanteo:

-Todo está bajo control?

-Todo está bajo control, le aseguró Luis José. Puede venir con entera confianza.

El General siguió tanteando. Sabía que una verdad de aquella categoría no se podía decir por teléfono, y menos por teléfono internacional.

-¿Dónde está Tuntin?

-Está en el campamento 28 de Diciembre, señor, respondió Luis José.

-¿Y dónde está tío Negro…

-Está ahora mismo llegando a su despacho del Palacio.

El General no pudo contener más tiempo su incertidumbre y se tiró a fondo:

-¿Y dónde está… papá?

El coronel León Estévez tragó en seco y, obviando la pregunta, volvió a insistir:

-Es necesario que usted regrese seguido, General. Todo está bajo control, pero su presencia es absolutamente indispensable. ¿Comprende?

-Sí…, repuso el General, salgo para allá.

El receptor del teléfono se deslizó de sus manos y cayó al suelo. Permaneció un segundo inmóvil y luego se desplomó sobre su cama al tiempo que con voz vibrante de emoción decía a Lita: -Han matado a papá!. Y lloró amargamente durante cinco minutos.”

Al cabo de unas horas, Ramfis Trujillo se encontraba a bordo de una aeronave comercial que fletó para él, su hermano, Radhamés, y otros seis acompañantes, en vuelo directo hacia la República Dominicana. Tras su arribo a Santo Domino, Ramfis se trasladó a la Base Aérea de San Isidro en donde sostuvo una reunión con los principales jefes militares de las Fuerzas Armadas. En ese encuentro, es fama que los jerarcas militares le testimoniaron personalmente su sentido pésame y apoyo al heredero del trono; le reiteraron su compromiso e invariable lealtad con su padre y su gobierno, al tiempo que dieron su voto favorable para que continuara “la Gloriosa Era de Trujillo”, con él (Ramfis) como jefe supremo del ejército y, claro está, de la nación. Pero una cosa pensaban los acólitos del régimen que entonces se estremecía e iniciaba un inevitable proceso de desintegración; y otra muy distinta anhelaba el pueblo dominicano. Lo importante, sin embargo, es que una vez muerto Trujillo el gobierno encabezado por Joaquín Balaguer se dispuso a organizar el funeral del “ilustre muerto”, al tiempo que se adoptaron las providencias de lugar para iniciar la investigación oficial del “alevoso” crimen. La cúpula militar, bajo la jefatura de Ramfis Trujillo, fue la unidad responsable de llevar a cabo la investigación del atentado; mientras que, por la parte civil, la investigación judicial recayó sobre los hombros del doctor Teodoro Tejeda Díaz, a la sazón Procurador Fiscal del Distrito Nacional, uno de los tantos oscuros personajes de aquella tragicomedia nacional que significó la llamada Era de Trujillo.

Versión oficial

Fue el miércoles 31 de mayo de 1961 cuando el gobierno dominicano difundió al país y al mundo la noticia de que el generalísimo doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina había perdido la vida en una emboscada que la noche del día anterior le tendieron algunos de sus adversarios políticos mientras el férreo dictador se dirigía hacia San Cristóbal, su pueblo natal. Hacia las cuatro de la tarde de ese día –mediante una alocución radial- se anunció entre sollozos que el ilustre Jefe de la nación, había sido vilmente asesinado, al tiempo que se exhortaba a la ciudadanía a mantenerse en calma, ya que –se aseguraba- el gobierno tenía absoluto control de la situación.

El primer medio escrito en dar la noticia fue el vespertino La Nación. En la primera plana apareció un titular a seis columnas, en dos líneas, que decía: “Rafael L. Trujillo muere asesinado”. Debajo, una gráfica con el siguiente pie informativo: “Una de las últimas fotografías del Generalísimo Doctor Rafael L. Trujillo, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva”. Tanto en la parte superior como inferior de la primera página de La Nación, sendas franjas negras sugerían que se trataba de una edición luctuosa.

En las páginas interiores hubo un amplio despliegue de fotografías de Trujillo en diferentes actividades así como una reseña, sin firma, en la que, entre no pocos lamentos, el editorialista afirmó que la desaparición del Jefe constituía un severo revés para el progreso nacional que éste había impulsado desde el capitolio dominicano.

A continuación el texto de esa nota necrológica, a manera de editorial:

“Una mano criminal ha atentado contra la integridad de la Patria al atentar contra la vida del Generalísimo y Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, tratando de cortar la marcha de la República Dominicana al poner fin a una vida dedicada por entero al progreso, a la pacificación, a la unificación y a la dignificación de esa Patria y de los dominicanos, cuya indignación no tiene límites ante la magnitud del crimen perpetrado.

“La muerte de Trujillo significa una pérdida irreparable para la República Dominicana, porque los treinta y un años de su fecundo liderato representan la concreción de la dominicanidad en su aspecto sustancial. El fue quien arrancó nuestra vida nacional de las turbulencias de un pasado sin justificación y con una obra patriótica que no tiene paralelo en América ganó para sí la consagración histórica que le proclama el más ilustre dominicano de todos los tiempos.

“Nos llena de angustia y de dolor comprobar cómo se cierra, con la desaparición de Trujillo, el ciclo más grande de nuestra historia moderna. Un ciclo en el curso del cual se ha realizado la integración nacional y que se proyectará en el futuro como fuerza genitora de la dominicanidad. De esa dominicanidad consciente que ha obrado, bajo el paternal influjo y la bienhechora acción del Líder ilustre, el milagro de la paz, del progreso y de la unidad en la República Dominicana.

“Trujillo, leal a los ideales y a los fines históricos con que nuestro país justificó su independencia política, encarnó y dirigió, durante una vida de sacrificios consagrada por entero a la Patria, el espíritu de su pueblo, al que amaba entrañablemente. Político realista, orientó a la República Dominicana hacia la cima de sus conquistas y superó el progreso de la liberación nacional hasta convertirla no sólo en un Estado independiente, sino en un baluarte de la democracia cuyos puntales son la seguridad económica y la seguridad social.

“Por encima de todos los hombres y por encima de todos los tiempos, América, nuestra sufrida América, no conoce de la existencia de otro Líder de la grandeza moral, del poder de convicción y de la fuerza de cohesión que se aunan en Trujillo. Y esa grandeza, ese poder y esa fuerza los puso al servicio de su Patria, con un desprendimiento de alma que no tiene igual en ninguno de los próceres de la Independencia americana. De Trujillo, aprendimos los dominicanos que el patriotismo es amor.

“Y por ese amor el pueblo dominicano hizo de Trujillo su ídolo. Justa correspondencia a quien entregó a ese pueblo el último suspiro de su vida, dispuesto siempre a enaltecer más y más a su Patria y a convertirla –como lo hizo realmente- en un Estado modelo cuyos pasos habrán de seguir en el futuro las demas repúblicas americanas si realmente quieren salvarse del caos a que las tienen sumidas los dos imperialismos en pugna.

“Con la muerte de Trujillo desaparece la figura cumbre de la politica americana contemporánea. Y desaparece también el más genuino de los libertadores, porque no sólo creó en nosotros los dominicanos, la conciencia de la libertad, sino que extendió por todo el Continente la simiente de auténtico panamericanismo. Aquel panamericanismo que no se nutre de ideas abstractas, sino de hechos concretos. Hechos concretos que tienen vigencia plena en la República Dominicana.

“Trujillo fue uno de eso líderes que se dan con una total limitación en la historia de la humanidad, porque son hombres sensibles que sienten como propia la angustia de su pueblo y que se entregan a él de corazón. Es innegable que la República Dominicana de hoy, libre y ennoblecida, consciente de su realidad y segura de su destino, es obra personal de Trujillo: del esfuerzo, del sacrificio, de la entrega total de Trujillo a la Patria y a los dominicanos.

“Por eso, cediendo al flujo de las lágrimas que inundan nuestros ojos y de la congoja que estruja nuestros corazones, en esta hora cumbre de nuestra historia, en la que vemos desaparecer materialmente al Padre de la Patria Nueva, los dominicanos, con esa unidad que él nos dio, debemos comprometernos a continuar su obra y a inmortalizar con ella y con nuestro amor el nombre egregio del paladín de nuestras grandezas: el Generalísmo y Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina.

“¡Gloria eterna a quien supo conquistar la gloria!”[2]

 

El presidente nominal de la República, que lo era Joaquín Balaguer, dispuso nueve días de duelo nacional “ante la tragedia que vive el pueblo dominicano con la desaparición del Ilustre Generalísimo” y durante ese lapso a las emisoras radiales del país se les permitió transmitir sólo música sacra. A continuación, el texto íntegro del decreto número 6722:

“CONSIDERANDO que el Generalísimo Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva, acaba de caer víctima de un alevoso atentado y que la desaparición de tan grande hombre representa una pérdida irreparable para la República a la que él dignificó con su ejemplar patriotismo y engrandeció con sus obras imperecederas;

“CONSIDERANDO que la muerte del Generalísimo Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina es motivo de honda consternación pública y ha sumido en un profundo sentimiento de pesar la conciencia ciudadana;

“VISTA la Ley No. 3933, del 20 de septiembre de 1954;

“En ejercicio de las atribuciones que me confiere el artículo 54 de la Constitución de la República, dicto el siguiente

DECRETO

“Art. 1.- Se declaran nueve días de duelo nacional, a partir de la fecha, con motivo del fallecimiento del Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva.

“Art. 2.- Se encarga a las Secretarías de Estado de las Fuerzas Armadas, Interior y Cultos, y de Relaciones Exteriores, de dar ejecución al presente decreto.

“DADO en Ciudad Trujillo, Distrito Nacional, Capital de la República Dominicana, a los treintiún días del mes de mayo del mil novecientos sesenta y uno, años 118 de la Independencia, 98 de la Restauración y 32 de la Era de Trujillo”.[3]

 

El presidente Balaguer además emitió una Proclama en la que ponderaba las cualidades personales del generalísimo Trujillo y hacía un llamado a la concordia nacional ante la pérdida de “tan esclarecido ciudadano”:

“Todavía con el ánimo atribulado por el terrible acontecimiento que ha hundido en la tragedia y herido profundamente el corazón del pueblo dominicano, cumplo con el grave deber de dirigirme a todos mis conciudadanos para llevar a su conocimiento que en la noche del 30 de mayo último cayó vilmente asesinado el líder de los dominicanos, Generalísimo Dr. Rafael Leonidas Trujillo Molina, Benefactor de la Patria y Padre de la Patria Nueva, a quien debe el país la más grande era de progreso y las más nobles conquistas.

“Al haber sido tronchada así la vida de un hombre excepcional que estuvo consagrada siempre a la defensa de los más altos intereses de la patria, y que encarnó la paz y seguridad nacionales, todas las clases dominicanas, y particularmente las masas populares, en cuyo corazón perdurará para siempre el recuerdo venerado del eximio hombre público, están en el ineludible deber cívico de permanecer más unidas que nunca, proceder con absoluta cordura y afrontar con abnegación y espíritu de solidaridad la dura prueba a la cual ha sometido el destino el presente y el porvenir de la República.

“Invoco, pues, el nombre esclarecido del Generalísimo Dr. Rafael L. Trujillo Molina para que sean sus mismos ideales de paz, de grandeza y de progreso para el país los que en estos momentos fortalezcan nuestro espíritu y templen nuestra acción para que se mantenga lo que fue más caro para él: la continuidad de ese legado que él nos ha dejado, constituido por la Patria Nueva, y todo cuanto ella represente para el pueblo dominicano.

“Por Trujillo y por la Patria, pido a todos la colaboración y la conducta austera de que debemos dar prueba en esta hora suprema de dolor.

Dios, Patria y Libertad

 

Joaquín Balaguer”.[4]

 

El jueves primero de junio la primera plana de El Caribe desplegó la noticia a ocho columnas, con el siguiente titular inspirado, sin dudas, en la Proclama del presidente Balaguer: “Vilmente asesinado cae el Benefactor de la Patria. Su muerte llena de luto la sociedad dominicana”. En las páginas interiores del matutino, en adición a una amplia reseña biográfica, se insertaron numerosas fotografías que evocaban diversos episodios en los que el dictador tuvo un papel protagónico. En la referida edición de El Caribe también se daba cuenta de que los hijos de Trujillo, Ramfis y Radhamés, quienes desde hacía algún tiempo se encontraban en París participando en un torneo de polo y disfrutando de la “dolce vita”, habían arribado a Santo Domingo el día anterior, a las 7 de la noche, en un boeing intercontinental de matrícula francesa. Con capacidad para 142 pasajeros, el avión de Air France voló a Santo Domingo con sólo siete personas a bordo: Ramfis y Radhamés Trujillo Martínez, Porfirio Rubirosa, y Leland Rosenberg, entre otros.

Las exequias fueron anunciadas para el viernes 2 de junio, a las 10 de la mañana, en la ciudad de San Cristóbal. El jueves primero, sin embargo, el gobierno dispuso que durante el día el ataúd fuera expuesto en capilla ardiente en el Palacio Nacional, a fin de que el pueblo capitaleño pudiera ofrecerle la despedida póstuma al “ilustre Benefactor de la Patria”.

Al siguiente día del cortejo fúnebre, una reseña noticiosa de El Caribe describía el ambiente de profunda consternación que en San Cristóbal sirvió de marco a las exequias del otrora temido dictador: “Esta ciudad vertió hoy sus más amargas lágrimas sobre el cadáver de su hijo eximio, Generalísimo Doctor Rafael Leonidas Trujillo Molina, y la honda emoción del momento repercutirá a través de toda la historia de la República Dominicana.”

Tras señalar que hombres y mujeres de todos los estratos sociales se dieron cita para tributarle un sentido y postrer adiós a Trujillo, la nota agregó que el mandatario había caído “víctima de una repugnante traición que ha conmovido hondamente a los hombres honrados del mundo. Trujillo –amigo fiel y señero predicador de la lealtad- cayó abatido por balas asesinas en la noche del 30 de mayo, en la autopista que conduce a Haina, cuando iba hacia su hacienda en Fundación, San Cristóbal”.[5] El editorialista de El Caribe, en esa misma edición, calificó de “desgraciado” el acontecimiento del 30 de mayo, al tiempo de juzgar la muerte del “insigne estadista” como un acto de alevosía y cobardía perpetrado por un grupo de ambiciosos y traidores.

 

[1] “Los Estados Unidos y Trujillo. Los días finales”,…

[2]Ante la muerte de Trujillo”, La Nación, 31 de mayo de 1961. Año XXII, No. 7510, Año 32 de La Era de Trujillo.

[3] Ver: “Declaran nueve días de duelo por muerte del Generalísimo”. La Nación, miércoles 31 de mayo de 1961.

[4] Véase: “Presidente reclama concordia ante la muerte de Trujillo. Invoca ideales del Jefe para mantener la paz”. La Nación, miércoles 31 de mayo de 1961.

[5] Ver: “San Cristóbal rinde postrer tributo a líder”, por Radhamés V. Gómez P., y Sócrates Danilo Montás, en El Caribe, sábado 3 de junio de 1961. Año XIV, No. 4785.

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