Pasado y Presente.España, Cuba y la independencia norteamericana ( Parte 2)

 

Por Juan Daniel Balcácer

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Varios son los aspectos de la obra que de Eduardo Tejera que procedo a resaltar:

1) En “La ayuda de España y Cuba a la independencia norteamericana. Una historia olvidada”, el autor escoge hechos históricos poco conocidos que incidieron en el triunfo de la revolución norteamericana y, con arreglo a diversas fuentes documentales de irrecusable veracidad, reconstruye una narrativa histórica bastante objetiva en torno de ese gran acontecimiento histórico que constituyó la independencia de los Estados Unidos.

2) Si bien el propósito fundamental de Eduardo Tejera es rescatar del olvido hechos importantes que por diversas razones han sido soslayados y excluidos de los textos de historia convencionales norteamericanos e hispanoamericanos, en el primer capítulo se ocupa de contextualizar al lector, y además de enfatizar en los diferentes estilos de España e Inglaterra para aplicar dos modelos o esquemas contrapuestos de conquista y colonización en el Nuevo Mundo, hace un recuento de los conflictos bélicos escenificados por las grandes potencias europeas inmediatamente posterior al Descubrimiento o Encuentro de Culturas, en una desmedida e insaciable pugna inter-imperialista por la conquista de los nuevos territorios y pueblos descubiertos especialmente en América y en el Caribe. Esos conflictos entre España, Francia, Inglaterra y Portugal dieron origen a que la región del Caribe y América, al decir de Tejera, devinieran en “parte de la frontera imperial de las grandes potencias que rivalizaban por poder político, militar, naval y económico” debido a que “las colonias de América, fueran las inglesas, francesas, portuguesas o españolas, generaban crecientes riquezas y eran bastiones de poder militar y comercial”. Uno de los conflictos bélicos más resonantes de aquellos tiempos fue la denominada Guerra de los Siete Años (1755-1763) en la que se vieron involucradas prácticamente todas las potencias de la época, cada una luchando por expandir sus dominios coloniales a expensas de las que ya, de hecho o de derecho, poseían asentamientos en diferentes partes de los continentes americanos del Sur y del Norte. De esa guerra que, según consigna Tejera, Winston Churchill consideró como una especie de “primera guerra mundial”, Inglaterra emergió convertida en la potencia imperial de mayor poder del momento. En efecto, al analizar esa conflagración, Tejera sostiene que “la guerra de los siete años fue la de mayor repercusión en el Caribe y América del Norte”, porque “fue una guerra por la definición de las nuevas fronteras imperiales” y porque “después del 1763 nada quedó igual en la mitad del continente americano. Francia y España quedaron disminuidas y Gran Bretaña emergió como el nuevo gran poder mundial.” La guerra de los siete años, evidentemente, prefiguró la revolución independentista de las trece colonias de América del Norte, pues poco menos de tres lustros después fue conformado el Congreso Continental que procedió a disolver los vínculos de dependencia con Inglaterra al tiempo que creó una nueva república bajo el nombre de Estados Unidos de Norteamérica.

3) En el capítulo segundo, Tejera se ocupa de reconstruir el proceso de formación e intelección de la identidad nacional norteamericana entre los pobladores ingleses de las trece colonias de América del Norte. Se trata de un novedoso enfoque por demostrar que si bien los ancestros del pueblo norteamericano no constituían propiamente una colonia en el sentido convencional o a la manera como la monarquía española sojuzgó a los pueblos de la América hispana, fueron causas fundamentalmente económicas las que motorizaron la rebelión de las trece colonias. En una etapa de su desarrollo, los colonos ya no pensaban como “ingleses”, sino que respondían a una identidad colectiva un tanto diferente de sus raíces ancestrales. Tejera se refiere a ese fenómeno sociológico de la siguiente manera: “Los colonos, sus políticos y hombres de negocios veían su futuro y expresaban sus intereses de forma distinta, pensando más como norteamericanos que como ingleses parte de Gran Bretaña. Los dos mundos eran diferentes, como distintos eran sus objetivos y visión de la vida en el Nuevo Mundo. La identidad norteamericana se fue forjando de esta manera a través de las décadas, pero estaba llegando a un punto de crispación y estallido”. Y ese punto de crispación y estallido surgió precisamente cuando la corona británica quiso imponer más arbitrios e impuestos a los habitantes de las trece colonias, que estaban acostumbrados al sistema de auto gobierno y nunca antes habían tenido que sobrellevar cargas impositivas tan onerosas.

4) Un cuidadoso examen de “La ayuda de España y Cuba a la independencia norteamericana. Una historia olvidada”, revela que en el capítulo tercero hallamos la esencia argumental de la obra. Se sabe que Francia tuvo una participación decisiva en el proceso independentista norteamericano, pero Tejera destaca con propiedad que “la colaboración y ayuda de España y desde sus colonias a la independencia norteamericana fue constante y muy valiosa, y segunda sólo en peso e importancia de la ayuda de Francia”. ¿Por qué Francia y España estaban interesadas en colaborar con los revolucionarios de América del Norte en su proyecto independentista respecto de Inglaterra? La respuesta hay que buscarla en las viejas pugnas y rivalidades inter-imperialistas. España, por un lado, y Francia, por el otro, habían visto mermar su poderío económico-militar y perdido territorios en el llamado Nuevo Mundo a costa de continuas incursiones e invasiones inglesas. Era natural que desearan rescatarlos y que, aprovechando la coyuntura derivada del conflicto entre las trece colonias e Inglaterra, decidieran brindar todo el respaldo económico y militar posible a los pueblos insurrectos con tal de cobrar la deuda pendiente que tenían con el imperio británico. Francia le declaró la guerra a Inglaterra en medio del conflicto entre ese país y sus colonos de América del Norte. España, en cambio, obró en forma un tanto sinuosa: mientras simuló imparcialidad, o distancia aparente del conflicto, de manera secreta, y a través de diversos medios, hizo un invaluable y sostenido aporte a la causa norteamericana por la independencia, hasta el punto de que el propio general George Washington lo reconoció en cartas que Tejera cita en su obra. Todo este proceso de intrigas diplomáticas, de apoyo velado y abierto, lo mismo en dinero que en recursos bélicos, es narrado con profusión de detalles tanto en el tercer capítulo como a lo largo del magnífico libro de la autoría de Eduardo Tejera.

El autor es historiador. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Historia.

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