Pasado y Presente. Significación del libro de Báez Guerrero

 

Por Juan Daniel Balcácer

Acaso el dato más importante de la obra “Guzmán, su vida, gobierno y suicidio” radica en el hecho de que entre 1978 y 1980, el entonces joven periodista José Báez Guerrero, trabajaba para el periódico El Caribe y le fue asignada la responsabilidad de cubrir la fuente palaciega. Estuvo, pues, en contacto con las actividades presidenciales de manera continua durante unos dos años y en ese lapso tuvo oportunidad de tratar de cerca al Presidente Antonio Guzmán.

Cuenta Báez Guerrero que con apenas 24 años de edad fue testigo de excepción de los acontecimientos que se desencadenaron la madrugada en que el presidente Guzmán, herido mortalmente de bala, se debatía entre la vida y la muerte en el hospital militar Dr. Marión (luego Lithgow Ceara), en las inmediaciones de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Durante varias horas, mientras la mayoría de los dominicanos dormía, hubo quienes experimentaron momentos de gran angustia y tensión toda vez que la súbita desaparición del primer mandatario de la nación, aún cuando existía un Vicepresidente de la República (y la Carta Sustantiva dominicana consigna claramente el procedimiento a seguir en caso de que faltare definitivamente el primer mandatario), había quienes no descartaban infundadamente que pudiese producirse una interrupción del orden constitucional vigente.

En esas circunstancias aciagas, Báez Guerrero, guiado por su “instinto periodístico”, tuvo la idea, como si se tratara de un cronista, de asentar y llenar en varias libretas todas las incidencias y pormenores que presenció esa noche “cuando –según sus propias palabras- el suicidio presidencial puso en el filo de la navaja de la historia el destino de la democracia dominicana”. Durante poco más de cinco lustros, el autor conservó celosamente esos apuntes que había tomado aquella trágica noche que, hoy, 27 años después, le han servido de fuente principal para escribir su libro.

En las páginas introductorias de su estudio, José Báez Guerrero afirma lo siguiente: “Casi todo lo que se ha escrito en libros sobre el suicidio de Guzmán hasta ahora está fatalmente dañado por el interés de sus parciales o sus opositores. Difícilmente se encuentran opiniones desinteresadas. Lo que a continuación se narra no tiene más propósito que buscar la verdad histórica, ese elusivo ideal al que aspiran todos los narradores de los acontecimientos pasados y dignos de memoria desde los tiempos homéricos.”

En la cita que antecede, Báez Guerrero nos brinda oportunidad para reflexionar sobre temas de crucial interés tanto para historiadores como para periodistas y analistas políticos. Afirma que los diversos estudios hasta ahora existentes en torno al suicidio del presidente Guzmán han emanado de plumas comprometidas, unas con el litoral que lo adversó hasta la muerte y otras con quienes fueron sus admiradores y cumplieron, o creyeron cumplir, con el deber de salir en defensa de su honra personal y familiar. Se infiere pues que “Guzmán, su vida, gobierno y suicidio” es una obra escrita con espíritu de imparcialidad, y que su autor ha obrado únicamente inspirado en el propósito de hacer justicia.

Quien habla es de opinión que Báez Guerrero logra en gran parte su objetivo; pero también cabe subrayar que a ningún escritor, narrador, historiador, periodista o intelectual, al momento de configurar un relato sobre algún personaje ilustre o determinado episodio del pasado, le es dable abstraerse de sus valores, creencias, formación ideológica, etcétera. En consecuencia, su estudio, en función de la fiabilidad de las fuentes que utilice, podrá aproximarse mucho más a la realidad de los hechos que otras obras de autores precedentes; pero jamás podrá alcanzar en su totalidad “la verdad histórica” o lo que Báez Guerrero ha llamado con propiedad “ese elusivo ideal al que aspiran todos los narradores de los acontecimientos del pasado”. Frank Moya Pons, en un breve ensayo dedicado al tema de los nexos existentes entre periodismo e historia (pues tanto el periodista como el historiador comparten un mismo objeto de trabajo, esto es, el acontecer social en todas sus dimensiones), consignó que mientras el periodista puede escribir sobre hechos en los que ha sido actor directo o testigo ocular, por lo general el historiador se ocupa de reconstruir acontecimientos que no necesariamente ha vivido.

El autor es historiador. Miembro de Número de la Academia Dominicana de la Historia.

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