Pasado y Presente.Un nuevo libro de Eduardo Tejera ( Parte 3)

 

Por Juan Daniel Balcácer

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Con la venia del amable lector, paso ahora a referirme a otros dos aspectos del libro de Eduardo Tejera, a mi entender cruciales desde una perspectiva historiográfica moderna porque están directamente relacionados con los motivos que le inspiraron escribir acerca de la ayuda que tanto España como las autoridades coloniales de La Habana, comerciantes y distinguidas damas de la sociedad cubana, realizaron a favor de la causa independentista norteamericana. En la introducción, el autor consigna que como esa valiosa contribución a la independencia de Estados Unidos ha sido relegada y excluida de los textos convencionales de historia escolar en Norteamérica, ocasionando así un lamentable olvido en varias generaciones, su afán por la búsqueda de la verdad fue lo que principalmente le estimuló a ampliar su investigación de los años 70 hasta culminar en el texto que hoy comento. Esta aseveración de Tejera pone sobre el tapete un tema todavía más complejo y controversial en el plano historiográfico como lo es el relativo a las contradicciones existentes entre la escritura de la historia escolar y la historia académica.

Un prominente historiador británico, Keith Jenkins, en su ensayo Repensar la historia (2009), señala que “la historia es un discurso cambiante construido por los historiadores y que del pasado no se puede hacer una única lectura: en cuanto miras hacia otro lado o modificas la perspectiva, aparecen lecturas nuevas. Con todo –agrega-, aunque los historiadores saben esto, la mayoría parece ignorarlo a conciencia y se esfuerza por conseguir la objetividad y la verdad. Y este afán por la verdad se abre camino a través de distintas posiciones ideológicas y metodológicas”. Jenkins es de opinión de que la historia está compuesta de epistemología, de metodología y de ideología. De conformidad con este aserto, Jenkins afirma que “la epistemología nos enseña que nunca podremos conocer realmente el pasado; que el abismo entre el pasado y la historia (historiografía) es ontológico, que está en la misma naturaleza de las cosas, de manera que todo esfuerzo epistemológico por salvarlo es inútil. Los historiadores han ideado maneras de trabajar con el fin de reducir la influencia del historiador-intérprete desarrollando métodos rigurosos que luego han tratado de universalizar de diversas formas, de manera que quien los practique se haga con un utillaje básico de habilidades, conceptos, rutinas y procedimientos que le conduzcan a la objetividad. Sin embargo, hay muchas metodologías… Al final, la historia es teoría, la teoría es ideológica y la ideología sólo son intereses materiales…”

He traído a colación estas reflexiones teórico-metodológicas a propósito de la ausencia que ha advertido Eduardo Tejera en los textos de historia convencional de Estados Unidos en cuanto respecta al tema de la ayuda de España y Cuba a la independencia de ese país. Esa ausencia no es casual. Responde, en efecto, a la circunstancia de que los historiadores, al momento de reunir las fuentes con las que van a configurar sus narrativas históricas, hacen una selección de las mismas, las depuran, y por lo tanto es natural que excluyan determinados hechos y personajes porque sus valores y perspectivas sobre esos acontecimientos les inducen a privilegiar ciertos hechos en detrimento de otros que, ante los ojos de futuros investigadores, parecerán más importantes; o porque tal vez la historia oficial predominante en determinada coyuntura fuerce a los historiadores a escribir sus relatos históricos omitiendo ciertos hechos y destacando la importancia de otros acontecimientos. Por esa razón es que la historia se reescribe constantemente en la medida que afloran nuevas evidencias y fuentes que permiten otras lecturas a la luz de modernas perspectivas historiográficas.

Cuando se trata de escribir un texto de historia escolar, por lo general su autor debe circunscribirse a cumplir con los requisitos de contenidos que impone el ministerio de educación del país de que se trate, por lo que, en la mayoría de los casos, los libros de texto ofrecen básicamente un enfoque de historia oficial. Razón tuvo, pues, George Orwell, cuando en su novela “1984”, escribió que quien controla el presente controla el pasado y que quien controla el pasado controla el futuro.

Mario Carretero, un especialista en psicología cognitiva de la Universidad de Madrid, en “Aprender y pensar la historia” (2002), refiere, sustentándose sobre algunos postulados teórico metodológicos de Jacques Le Goff (uno de los afamados historiadores de la escuela francesa de Annales), que existen “tres representaciones del pasado, situadas de modo muy diferente en la experiencia social, del individuo y de las instituciones. Por una parte, el registro de la historia que aparece en la escuela [esto es la historia escolar]; por otra parte, el de la historia cotidiana, como elemento de una memoria colectiva que, de una forma u otra, se inscribe permanentemente –experiencia y formación mediante- en la mente y en los cuerpos de los miembros de cada sociedad, y articula relatos compartidos en torno de la identidad, los sistemas de valores y las creencias comunes. Por último, existe la historia académica o historiografía, que cultivan los historiadores y los científicos sociales, de acuerdo con la lógica disciplinaria de un saber instituido bajo condiciones sociales e institucionales específicas”. Un ejemplo de este tipo de historia académica lo constituye el libro de Eduardo Tejera sobre “La ayuda de España y Cuba a la independencia norteamericana. Una historia olvidada”.

El autor es historiador. Miembro de

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