Naturaleza democrática de la Revolución de Abril de 1965

Juan Daniel Balcácer

Los anales de nuestra historia republicana no registran, salvo la revolución febrerista de 1844 y la guerra restauradora de 1863-65, otro acontecimiento político-militar de las características sociológicas y de la dimensión histórica de la revolución de abril de 1965.

Los prohombres que crearon la República, aquel memorable 27 de febrero de 1844, obraron inspirados por ideales políticos esencialmente democráticos y fundamentados en la doctrina del liberalismo político. Esos ideales no llegaron a materializarse debido a que, tras el surgimiento del Estado dominicano, los valores sociales se invirtieron y conjuntamente con la nueva realidad cualitativa que emergió del grito independentista de la Puerta del Conde, surgió y se instauró en el país el fenómeno del caudillismo, tan funesto para las emergentes instituciones políticas que conformarían el Estado dominicano.

Desafortunadamente, la República, desde su fundación, fue gobernada por caudillos y por tiranos. Los escasos ensayos democráticos que se hicieron después de la guerra Restauradora, fracasaron víctima de las pendencias civiles que asolaron el país durante la Segunda República. Además: los permanentes conflictos fronterizos; el infundado temor, que siempre albergó la clase dominante, de una invasión haitiana que fuese capaz de restituir el esquema louverturiano de “la una e indivisible” –infundado temor que sirvió de inspiración para escoger el camino de la anexión a España en 1851–; la profunda crisis económica en que surgió el Estado nacional; los problemas derivados de la deuda externa, que se inició en 1869 bajo la cuarta administración de Buenaventura Báez; la inestabilidad política; y la crisis de legitimidad que acusó la sociedad dominicana del siglo XIX y de principios del siglo XX, se constituyeron en factores determinantes, entre otras graves consecuencias, de la ocupación militar norteamericana de 1916-1924 y de sus resultados más inmediatos, como lo fueron el gobierno de Horacio Vásquez (1924-1930) y la dictadura de Rafael Trujillo, que duró 31 años.

 

El colapso de la dictadura

La muerte violenta Trujillo no significó el derrumbe inmediato de la dictadura. La conspiración política que liquidó físicamente al tirano fue exitosa en la primera fase de la conjura; pero la segunda fase, consistente en dar un golpe de Estado que diera al traste con la maquinaria trujillista, ni siquiera llegó a planificarse conforme a las técnicas modernas del Golpe de Estado.

De hecho, el hijo mayor del tirano, Ramfis, los tíos de éste, Héctor Bienvenido y José Arismendy Trujillo, la alta jerarquía militar fiel a la familia Trujillo al igual que gran parte de la oligarquía y de los intelectuales que les habían servido durante muchos años, hicieron todo lo posible por conservar el control del Gobierno al precio que fuera necesario.

Una de las primeras medidas del gobierno Ramfis-Balaguer fue gestionar que los Estados Unidos respaldaran su gestión para que la Organización de Estados Americanos (OEA) levantara las sanciones económicas impuestas al país desde agosto de 1960.

Para atraerse las simpatías de la administración de John F. Kennedy, el gobierno dominicano desplegó una estrategia de apertura política, permitiendo el retorno de los exiliados de la dictadura y, al mismo tiempo, propiciando un ambiente favorable para el nacimiento del partidismo político.

Por primera vez, durante poco más de 30 años, los dominicanos comenzaron a respirar un clima de libertades públicas y experimentar las ventajas del pluralismo político, es decir, a la existencia de varios partidos políticos, que es una característica de la democracia, y no a la militancia obligada en un partido único, que es el estilo típico de los regímenes totalitarios, como el que implantó Trujillo. Fue así como, tras haber estado acostumbrados a un solo partido político (el Partido Dominicano), en el país surgieron organizaciones democráticas, otras conservadoras, y otras de tendencia izquierdista.

El proceso de democratización

Tras 30 años de dictadura, la República Dominicana mostraba notables transformaciones en diferentes aspectos. La población superaba los tres millones de habitantes; la división territorial y política del país también había cambiado considerablemente, y de doce provincias que había en 1930, ahora, en 1961, el país contaba con 25 provincias y un Distrito Nacional.

Asimismo, una moderna infraestructura vial comunicaba las diferentes regiones del territorio nacional, que ya no estaban tan distanciadas como en los tiempos anteriores a la Primera Ocupación Militar Norteamericana de 1916, lo que posibilitaba un mayor intercambio comercial y social entre los diferentes pueblos del país. Aun cuando todavía la mayor parte de la población vivía en zonas rurales, lo cierto es que a partir de la desaparición de la tiranía trujillista la nación dominicana entró en un acelerado proceso de urbanización y modernización política, económica y social inspirada en el modelo de la democracia representativa.

Bajo un gobierno de transición, como lo fue el Consejo de Estado, se celebraron elecciones en 1962 y resultó electo por el voto libérrimo de las mayorías, el profesor Juan Bosch, entonces máximo líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD.

 

El gobierno de Juan Bosch.

 

El 27 de Febrero de 1963 Juan Bosch se juramentó como el primer Presidente dominicano libremente electo después de 30 años de dictadura. Su gobierno apenas duró siete meses. Durante ese breve período, sin embargo, se lograron importantes conquistas en el plano democrático.

Una de sus primeras medidas fue impulsar la aprobación de una nueva Constitución Política, que resultó ser la más avanzada del siglo XX dominicano.

  • Su gobierno aplicó una política de respeto a los derechos humanos y del ciudadano y fue tolerante con la oposición política, tanto conservadora como izquierdista.
  • Impulsó un programa de reforma agraria para beneficiar a campesinos sin tierra, pero ese proyecto atemorizó a muchos terratenientes quienes, erradamente, creyeron que iba a perder sus propiedades.
  • El nuevo Gobierno también favoreció la educación laica, inspirado en la Escuela del maestro Eugenio María de Hostos, y esa medida no gustó al clero católico cuyas relaciones con Bosch, desde antes de las elecciones, no fueron cordiales.
  • El sector empresarial, entonces en desarrollo, también sintió temor porque el gobierno de Bosch se mostraba muy liberal y muy tolerante con los comunistas, algo a lo que los dominicanos todavía no estaban acostumbrado. Había el temor de que el comunismo, especialmente desde la Cuba de Fidel Castro, se infiltrara en la República Dominicana.
  • Las relaciones del Presidente Bosch con el alto mando de las Fuerzas Armadas tampoco fueron muy cordiales, pues gran parte de los militares de la escuela trujillista se mostraron celosos de la política liberal del Gobierno y de la proliferación de ideas izquierdistas en el país.
  • La economía nacional había iniciado su despegue y el gobierno de Bosch había contado con el respaldo del Presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, cuyo programa llamado Alianza para el Progreso, estaba destinado a beneficiar a los países pobres de América Latina, como era la República Dominicana.
  • El Gobierno de Bosch suscribió un contrato con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para la construcción de miles de viviendas para sectores de escasos ingresos. Asimismo, firmó un convenio con una firma europea, llamada Overseas Industrial Construction Limited, para la construcción de las Presas de Taveras y Valdesia.

La Constitución de 1963.

 

El 29 de abril de 1963 el Congreso Nacional, en funciones de Asamblea Revisora, proclamó la nueva Constitución Política de la nación que entró en vigencia en el mes de mayo. Esa Constitución fue novedosa, en su forma y en su contenido. Asimismo, fue un texto muy liberal y avanzado para el cual los dominicanos, todavía, no estaban preparados. Entre sus rasgos más sobresalientes se encuentran:

  • Estableció que la elección de los jueces se haría a través del Senado.
  • Fijó el período presidencial por cuatro años.
  • Prohibió la reelección presidencial para el período siguiente.
  • Proclamó la libertad sindical y el derecho de los campesinos a la tierra.
  • Prohibió el latifundio y estableció la plena vigencia de los derechos humanos.

El golpe de Estado.

 

Al igual que la Iglesia Católica, gran parte del empresariado, los partidos políticos de derecha y los militares no confiaban en el gobierno de Juan Bosch y, por tanto, temían que se dejara influir por elementos izquierdistas de ideología comunista. Bajo esa errada percepción, pronto se comenzó a conspirar para derrocar el nuevo orden político.

  • En marzo de 1963 se creó una organización no partidista llamada Acción Dominicana Independiente (ADI), que realizó numerosas manifestaciones contra el Gobierno.
  • En abril se produjo un incidente internacional con Haití. La Embajada dominicana en Puerto Príncipe fue rodeada por militares del gobierno de Francois Duvalier porque supuestamente en ella se habían escondido varios opositores al Gobierno haitiano. Las fuerzas armadas dominicanas fueron alertadas para prepararse en caso de que fuera necesario ir a la guerra con Haití, pero la intervención de la OEA impidió que el caso terminara en un conflicto armado entre ambos países.
  • El 31 de julio, el Episcopado protestó públicamente denunciando una campaña contra la Iglesia impulsada por grupos o sectores comunistas.
  • En todo el país se organizaron manifestaciones llamadas de “Reafirmación cristiana”, en las que se acusaba al gobierno de Bosch de ser pro comunista.
  • En septiembre un grupo de comerciantes, industriales y empresarios apoyó una huelga general contra el gobierno que duró dos días.

En la madrugada del 25 de Septiembre de 1963, un grupo de militares encabezados por el entonces Secretario de las Fuerzas Armadas, mayor general Víctor Elby Viñas Román, llevaron a cabo un golpe de Estado que derrocó el gobierno constitucional que presidía Juan Bosch, a quien apresaron y luego obligaron a salir del país con destino a Puerto Rico. Los militares golpistas, que contaron con el apoyo de poderosos sectores empresariales y políticos, disolvieron el Congreso, restablecieron la Constitución de 1962, ordenaron la formación de un Gobierno Provisional y declararon fuera de la ley a los partidos políticos calificados de comunistas o pro comunistas. Terminó así el primer ensayo democrático en la República Dominicana después de la tiranía trujillista.

En aquel primer gobierno del PRD, encabezado por el Presidente Bosch, el pueblo dominicano cifró todas las esperanzas frustradas, todas las aspiraciones reprimidas y acumuladas durante más de tres decenios por virtud del asfixiante clima moral que impuso la maquinaria represiva de la tiranía trujillista. Sin embargo, las condiciones políticas, y la propia situación financiera del país, no fueron muy favorables para el pleno ejercicio de un régimen democrático. Además, los grupos de presión heredados del trujillato permanecieron intactos y ello no tardó en provocar el surgimiento de agudas contradicciones entre el presidente de la República, el Partido del gobierno, y los sectores oligárquicos que se habían consubstanciado con el desaparecido régimen trujillista.

La nueva situación social y política en que se veía involucrado el pueblo tampoco resultaba muy halagadora para los norteamericanos quienes, alarmados por la experiencia cubana, temían que un exceso de flexibilidad democrática provocara fisuras al través de las cuales los emergentes grupos izquierdistas dominicanos pudieran tener acceso al control del poder. Desde la muerte de Trujillo, el Departamento de Estado se había ceñido a actuar conforme a la famosa frase del presidente Kennedy, formulada a raíz de la liquidación de la tiranía, en el sentido de que frente a la República Dominicana existían tres posibilidades en orden descendente de preferencia. A saber: un régimen democrático serio, un gobierno similar al de Trujillo o un régimen al estilo de Fidel Castro. “Nuestra meta –aseveró el presidente Kennedy– debe ser lo primero, pero en realidad no podemos renunciar a lo segundo hasta asegurarnos de que podemos evitar lo tercero”.

El supuesto peligro comunista fue la excusa que ofrecieron a la opinión pública los sectores conservadores nativos que el 25 de septiembre de 1963 pusieron término a la experiencia democrática que había iniciado el Partido Revolucionario Dominicano.

 

El gobierno del Triunvirato.

 

Un gobierno provisional ilegítimo, llamado Triunvirato, porque lo componían tres personas, sustituyó al gobierno constitucional de Juan Bosch. Originalmente, el Triunvirato lo integraban el doctor Emilio de los Santos, Presidente, el doctor Ramón Tapia Espinal y el ingeniero Manuel Enrique Tavares, miembros, quienes eran representantes de los sectores conservadores que habían propiciado el derrocamiento de Bosch. El Triunvirato, al igual que el Consejo de Estado un año atrás, asumió las funciones del Congreso y del Ejecutivo al mismo tiempo.

La represión militar desplegada por el nuevo gobierno impidió que los sectores populares se lanzaran a las calles a protestar por la violación a los derechos políticos y constitucionales de los dominicanos. Los estudiantes universitarios y la Federación de Mujeres Dominicanas pronto iniciaron una oposición sistemática contra el gobierno del Triunvirato; pero no fue hasta el mes de noviembre cuando se produjo una huelga general organizada por movimientos políticos de izquierda.

El 29 de noviembre el Movimiento 14 de Junio, con su principal líder a la cabeza, el doctor Manuel Aurelio Tavárez Justo, declaró la guerra al Triunvirato tras sublevarse en diferentes montañas del Norte, Este y Sur del país. Los catorcistas, que exigían el retorno a la constitucionalidad de 1963, establecieron seis frentes armados en Las Manaclas, en San José de las Matas, La Horma, en San José de Ocoa, La Berrenda, en Miches, Loma la Colorada, en San Francisco de Macorís, El Limón y la Escalera, en Puerto Plata, y Los Lindos de Enriquillo, en la Sierra del Bahoruco.

En poco menos de un mes, el ejército logró derrotar a los revolucionarios, quienes se fueron a las montañas sin haber recibido un riguroso entrenamiento militar y sin haber hecho la coordinación necesaria para que, mientras ellos se enfrentaban en las montañas a las fuerzas del gobierno de facto, en las principales ciudades se llevaran a cabo acciones de guerrillas urbanas.

La gran mayoría de los revolucionarios fue hecha prisionera, pero Manolo Tavárez Justo y más de diez de sus compañeros que decidieron entregarse a las autoridades, luego de reconocer que su causa estaba perdida, fueron fusilados el 23 de diciembre de 1963.

El fracaso de la insurrección guerrillera de 1963 y, sobre todo, por el cruel asesinato de Manolo Tavárez y sus compañeros, produjo un generalizado sentimiento de rechazo en la población y hasta el presidente del Triunvirato, Emilio de los Santos, decidió renunciar a su cargo en señal de desacuerdo por la forma en que el Ejército había manejado el asunto de los jóvenes catorcistas sublevados. El Triunvirato fue reestructurado y en lugar del doctor Emilio de los Santos fue designado el doctor Donald Reid Cabral.

Desgaste del Triunvirato.

 

Después del golpe de Estado, las fuerzas políticas dominicanas comenzaron a reagruparse. Surgieron nuevos partidos políticos, como el Partido Reformista, fundado por Joaquín Balaguer, quien entonces residía en la ciudad de New York. Es importante destacar que, por separado, tanto Bosch como Balaguer, desde el exilio, coincidían en mismo propósito: derrocar al Triunvirato. El sector conservador de República Dominicana decidió formar una nueva organización política llamada Partido Liberal Evolucionista, cuyo principal líder fue Luis Amiama Tió, uno de los participantes en la trama política que ajustició al dictador Trujillo.

Las organizaciones políticas de izquierda, el 14 de Junio y el Movimiento Popular Dominicano, el Partido Revolucionario Dominicano y un sector militar comprometido con el experimento democrático de Bosch, pronto comenzaron a oponer resistencia al gobierno presidido por Donald Reid Cabral y, sobre todo, a exigir el retorno a la constitucionalidad.

Para mantenerse en el poder, el Triunvirato, que desde el principio contó con el apoyo de los Estados Unidos, ahora más temerosos que nunca de la infiltración en el país del comunismo internacional, tuvo que recurrir a la represión política a través de los militares golpistas y de la Policía Nacional.

Algunas medidas adoptadas por el Triunvirato fueron:

  • Anunciar elecciones presidenciales para el 15 de julio de 1965.
  • Declarar ilegal al Partido 14 de Junio.
  • Prohibir el derecho de asociación y de reunión, al tiempo que sancionó las actividades comunistas.

División en las Fuerzas Armadas.

 

Mientras el Gobierno se preparaba para llevar a cabo las elecciones presidenciales, y Donald Reid Cabral mostraba su intención de postularse como candidato a la presidencia, dentro de las Fuerzas Armadas surgieron tres grupos que terminaron enfrentándose y debilitando la unidad de esa institución.

El primero de esos grupos lo integraban militares identificados con los principios democráticos que defendía el PRD y eran partidarios de que Juan Bosch retornara a la presidencia, sin elecciones, a concluir el período para el cual había sido libremente electo. Entre esos militares se destacaban, principalmente, el entonces Teniente Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez y el Teniente Coronel Miguel A. Hernado Ramírez, ambos del Ejército Nacional.

Un segundo grupo de militares, que no estaban de acuerdo con los llamados “constitucionalistas” (como se identificó a los que propugnaban por el retorno de Bosch a la presidencia), era el llamado “grupo de San Cristóbal”, conocido con ese nombre porque la mayoría de ellos había nacido en esa ciudad. Este grupo era de conocida militancia trujillista y por lo tanto se mostraba partidario de que Joaquín Balaguer, con su recién formado Partido Reformista, regresara al país. Los principales cabecillas del “grupo San Cristóbal” eran los generales Salvador Montás Guerrero, Félix Hermida hijo, y también el entonces Coronel Neit Rafael Nivar Seijas.

El tercer grupo militar, fiel al Gobierno del Triunvirato, no apoyaba la idea de que Bosch o Balaguer volvieran a gobernar la nación. Consideraban conveniente que el Triunvirato continuara gobernando hasta que se celebraran elecciones con la participación de los partidos políticos que habían apoyado el golpe de Estado. El militar que mayor influencia tenía en este tercer grupo era el Coronel Elías Wessin y Wessin, director de la Escuela Militar “Batalla de las Carreras”, más luego conocida como Centro de Entrenamiento de las Fuerzas Armadas (CEFA).

Cada uno de estos grupos militares, por su cuenta, actuaba de común acuerdo con varios partidos políticos. Para principios de 1965, la situación política y económica del país era crítica y en cualquier momento podía ocurrir un estallido revolucionario. A pesar de la represión policial y militar, las protestas contra el Gobierno, exigiendo renuncia de los “triunviros”, fueron cada vez más frecuentes por medio de huelgas y manifestaciones públicas.

El movimiento constitucionalista

En Puerto Rico, el Partido Revolucionario Dominicano y el Partido Revolucionario Social Cristiano firmaron un acuerdo conocido como “Pacto de Río Piedras”, mediante el cual ambas organizaciones se comprometían a intensificar su lucha contra el Triunvirato. Este fue un paso decisivo para el movimiento político democrático, porque cuando apenas habían transcurrido tres meses del “Pacto de Río Piedras”, el gobierno del Triunvirato cayó víctima de una asonada militar organizada por el grupo de los constitucionalistas. Mientras Bosch se encontraba en el exilio, junto con otros miembros de su partido, en Santo Domingo el PRD era reorganizado bajo las directrices de un joven que logró destacarse en la política criolla. Su nombre: José Francisco Peña Gómez.

El objetivo central del referido golpe era restituir el gobierno constitucional del profesor Juan Bosch, para que este concluyera el mandato para el cual había sido electo, que concluía el 27 de febrero de 1967. En este punto no lograron ponerse de acuerdo los sectores entonces en pugna, sobre todo porque los principales artífices que propiciaron el golpe septembrino temían represalias del poder legítimo constituido que ellos habían derrocado. Ante tal situación, el grupo militar y político que abogaba por la vuelta a la constitucionalidad optó por entregar armas a la población a fin de defender militarmente el anhelo popular. Fue así como de un simple coup d’etat el 24 de abril devino uno de los más genuinos movimientos político-sociales de la historia política contemporánea de la República Dominicana.

El 24 de abril de 1965, que era sábado, comenzó una rebelión militar en los campamentos “27 de Febrero” y “16 de Agosto”, respectivamente. El capitán Mario Peña Taveras incumplió una orden impartida por el General Marcos Rivera Cuesta para que arrestara varios militares sospechosos de conspirar contra el Triunvirato. Peña Taveras, por el contrario, detuvo al propio jefe del Ejército y, junto con varios oficiales, alertó a otros compañeros de armas a fin de que se rebelaran contra el Triunvirato. En la tarde de ese mismo día, el dirigente perredeista José Francisco Peña Gómez procedió a ocupar una cabina de la emisora Radio Comercial y llamó al pueblo a la insurrección. Poco después, la Radio Santo Domingo (hoy CERTEVE), fue también ocupada por militares identificados con la causa constitucionalista y desde allí mantuvieron el llamado al pueblo para que se lanzara a las calles a demandar el retorno de Juan Bosch al poder sin necesidad de celebrar nuevas elecciones.

Nuevo gobierno constitucional.

En la madrugada del 25 de abril, Donald Reid Cabral se vio forzado a renunciar del gobierno, siendo sustituido por el doctor José Rafael Molina Ureña, como Presidente provisional. Molina Ureña había sido presidente de la Cámara de Diputados en el gobierno de Juan Bosch y como el presidente del Senado, que lo era Juan Casasnovas Garrido, no estaba en el país, de acuerdo con la Constitución de 1963 le correspondía al primero desempeñar la Presidencia hasta que su titular constitucional regresara al país.

La nueva crisis política que surgió a raíz del golpe que depuso al Triunvirato dividió a las Fuerzas Armadas en dos bandos irreconciliables: el de los constitucionalistas, que en principio lideraba el Coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez (quien se encontraba en el exilio), y el de los adictos al Triunvirato, que además se oponían al retorno de Bosch. Los líderes de este último grupo solo compartían su animadversión por Juan Bosch, a quien temían y tildaban de “flojo con los comunistas”, pero cada uno tenía sus propias ambiciones de poder. Se trataba del general Juan de los Santos Céspedes, Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea, del Comodoro Francisco Javier Rivera Caminero, Jefe de Estado Mayor de la Marina de Guerra, y del general Elías Wessin y Wessin, jefe del poderoso CEFA, y hombre de confianza del triunviro Donald Reid Cabral.

Los militares constitucionalistas, entre los que se destacaban Francisco Alberto Caamaño, Manuel Núñez Noguera, Hernando Ramírez, Héctor Lachapelle y otros, decidieron distribuir armas entre la población civil a fin de oponer resistencia al grupo militar de San Isidro y también al grupo de San Cristóbal, que habían designado una Junta Militar integrada por los coroneles Pedro Bartolomé Benoit (FA), Olgo Santana Carrasco (MG) y Enrique Casado Saladín (EN), que apenas duró tres días. En cuestión de horas, estos dos bandos militares iniciaron una serie de enfrentamientos bélicos que desencadenaron en lo que se conoce como Revolución de Abril.

 

  • Tropas de la Base Aérea de San Isidro, con la ayuda de varios tanques de guerra y artillería pesada, trataron de cruzar el Puente Duarte, pero fueron repelidas por los militares constitucionalistas y una gran cantidad de civiles armados en sucesivos combates que tuvieron lugar los días 25, 26 y 27 de abril, resultando numerosos muertos y heridos.

 

  • Aviones de la Fuerza Aérea y unidades navales de la Marina de Guerra bombardearon el Puente Duarte y también el Palacio Nacional, donde se encontraba el presidente Molina Ureña.
  • Un numeroso contingente de soldados procedentes de San Cristóbal, comandado por el general Salvador Montás Guerrero, ocupó la parte Oeste de la ciudad de Santo Domingo.
  • El doctor Molina Ureña, en compañía de los coroneles Francisco Caamaño y Manuel Ramón Montes Arache, se reunieron con el embajador norteamericano, William Tapley Bennet, a fin de lograr que el diplomático gestionara primero un cese de fuego para evitar que continuaran las pérdidas de vidas, y después un acuerdo con las fuerzas opositoras; pero, al comprobar que sus esfuerzos no lograron el objetivo deseado, el Presidente provisional decidió renunciar y buscar asilo político junto con otros miembros de su efímero gobierno.
  • A raíz de la renuncia del doctor Molina Ureña se produjo un vacío de poder que permitió el surgimiento de un nuevo líder: el Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien tendría un papel estelar en la resistencia contra los soldados de Wessin y Wessin en el Puente Duarte.
  • Un grupo de senadores y de diputados del Gobierno Constitucional de Juan Bosch se reunieron en Asamblea Nacional, el 3 de mayo, y eligieron Presidente del gobierno en armas al Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien se juramentó al siguiente día.

Intervención militar norteamericana.

 

El Presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, atendiendo a una petición que le hizo la Junta Militar de San Isidro, ordenó el envío a la República Dominicana de tropas de la Infantería de su país con el propósito de proteger las vidas de ciudadanos norteamericanos que “supuestamente estaban en peligro”, de acuerdo con los oficiales de San Isidro que solicitaron la intervención militar norteamericana. Fue la segunda ocasión que, durante el siglo XX, los Estados Unidos ocupaban militarmente la República Dominicana; pero, a diferencia del período 1916-1924, la ocupación militar de 1965, que comenzó el 28 de abril, no abarcó todo el territorio nacional, sino que se limitó a la ciudad capital. En cuestión de días, aproximadamente 42,000 soldados norteamericanos, apoyados por una imponente escuadra naval que incluía portaaviones, tanques de guerra, helicópteros y los más sofisticados armamentos, ocuparon la ciudad Primada de América y de inmediato establecieron un corredor de seguridad que dividió en dos zonas la capital de la República.

  • La ocupación militar por parte de los “marines” provocó que los constitucionalistas se atrincheraran en la ciudad colonial, en los sectores de San Carlos, San Antón, Santa Bárbara y en Ciudad Nueva, mientras que el bando de San Isidro ocupó la parte norte y sur de la capital.
  • La Junta Militar de San Isidro renunció en pleno y, en su lugar, se creó el Gobierno de Reconstrucción Nacional, presidido por el general Antonio Imbert Barrera, uno de los héroes sobrevivientes del ajusticiamiento de Trujillo, y por varios ciudadanos más. La instalación de este gobierno tuvo lugar el 7 de mayo de 1965.
  • En la ciudad de Santo Domingo hubo dos gobiernos: el Constitucionalista, con asiento en la ciudad colonial; y el de Reconstrucción Nacional, que operaba desde el Centro de los Héroes.
  • A diferencia del Gobierno de Caamaño, que sólo operaba en la ciudad colonial y en Ciudad Nueva, el de Reconstrucción Nacional recibió el apoyo de los interventores norteamericanos, lo que le permitió mantener el control sobre todo el país. Este gobierno que dirigió Imbert Barrera también recibió apoyo financiero y en armamentos por parte de los Estados Unidos que alegaban que el movimiento constitucionalista estaba dominado por “comunistas”.
  • Durante cuatro meses (mayo, junio, julio y agosto), los constitucionalistas, que adoptaron la modalidad militar de comandos urbanos (unidades básicas de combate integradas por civiles armados), repelieron tanto a las tropas dominicanas leales al Gobierno de Reconstrucción Nacional, como también de los norteamericanos, quienes los días 14 y 15 de junio lanzaron un feroz ataque sobre la ciudad colonial, pero tras comprobar que los revolucionarios dominicanos estaban dispuestos a resistir hasta el último momento, desistieron de sus propósitos.
  • El coronel Rafael Fernández Domínguez, uno de los principales ideólogos del movimiento constitucionalista, logró regresar a Santo Domingo el 13 de mayo, integrándose de inmediato al Gobierno que presidía el coronel Caamaño. Murió en combate seis días después, cuando las fuerzas constitucionalistas intentaron recuperar el Palacio Nacional.
  • La mujer dominicana tuvo también una participación destacada en la guerra de 1965. No sólo apoyó moralmente a los revolucionarios, sino que algunas reconocidas activistas del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, como Piky Lora, Teresa Espaillat, Emma Tavárez Justo, Aniana Vargas, Marisela Vargas, Josefina Paniagua, Sagrada Bujosa, participaron activa y militantemente en la revolución.
  • El caso dominicano tuvo una repercusión internacional y fue llevado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en donde Cuba y la Unión Soviética acusaron a los Estados Unidos de intervenir en los asuntos internos de la República Dominicana, violando así la Carta de las Naciones Unidas.

Negociaciones con la OEA. Fin de la guerra.

 

Desde los inicios del conflicto armado, la Organización de Estados Americanos (OEA) intentó lograr un acuerdo entre las partes. Al comprobar que el enfrentamiento armado era inevitable, y tras la intervención militar de Estados Unidos, los Estados miembros de la OEA se reunieron en Washington y aprobaron la creación de una Fuerza Interamericana de Paz (FIP) que, en realidad, legitimó la intervención militar norteamericana. Solo Brasil, Paraguay, Costa Rica y Honduras enviaron tropas a Santo Domingo para formar, junto con las norteamericanas, la Fuerza Interamericana de Paz. Los demás gobiernos de América Latina no respaldaron la iniciativa de la OEA y condenaron la actitud intervencionista de Estados Unidos.

  • Tras intensas negociaciones, que duraron varios meses, entre representantes de la OEA y del Gobierno constitucionalista finalmente se llegó a un acuerdo para poner fin a la guerra. Esas negociaciones se realizaban mientras las tropas del gobierno de Reconstrucción Nacional y las norteamericanas atacaban a los constitucionalistas en un esfuerzo por acabar con la resistencia del pueblo en armas.
  • El 31 de agosto de 1965 el Gobierno Constitucionalista y una comisión de la OEA firmaron un documento conocido como Acta de Reconciliación Dominicana, mediante el cual se aceptaba la instalación de un Gobierno Provisional, que sería presidido por el doctor Héctor García Godoy, que a su vez organizaría elecciones presidenciales fijadas para el 1 de junio de 1966. El “Acta de Reconciliación” también establecía las bases para el desarme de la población civil y otras medidas encaminadas a lograr la paz definitiva entre las fuerzas en pugna. Por el Gobierno Constitucional firmaron: Francisco A. Caamaño Deñó, Presidente; Aníbal Campagna, Presidente del Senado; Jottin Cury, Ministro de Relaciones Exteriores; Héctor Aristy, Ministro de la Presidencia; Salvador Jorge Blanco, Procurador General de la República; Antonio Guzmán, Miembro de la Comisión Negociadora y Héctor García Godoy. Por la Comisión de la OEA, firmaron: Ilmar Penna Marinho, Embajador Representante de Brasil; Ramón de Clairmont Dueñas, Embajador Representante de El Salvador; y Ellsworth Bunker, Embajador Representante de Estados Unidos.
  • El Gobierno de Reconstrucción Nacional decidió no firmar el Acta de Reconciliación Dominicana, y sus integrantes prefirieron presentar renuncia. Sin embargo, un grupo de altos oficiales de las Fuerzas Armadas, como el Comodoro Francisco Javier Rivera Caminero, el General de Brigada, E.N., Jacinto Martínez Arana, el Comodoro Ramón Emilio Jiménez H., el General de Brigada, F.A.D., Juan de los Santos Céspedes y el General de Brigada, P.N., Hermán Despradel Brache, ofrecieron su respaldo a la iniciativa de la OEA.
  • El 3 de septiembre de 1965, el Coronel Francisco A. Caamaño Deñó y el doctor Héctor García Godoy suscribieron el Acto Institucional, el cual fue una especie de Constitución para el Gobierno Provisional que surgió como consecuencia del cese de las hostilidades entre los constitucionalistas, las tropas leales al Gobierno de Reconstrucción Nacional y las fuerzas interventoras reunidas en Fuerza Interamericana de Paz.

Conclusión

Lo que el 24 de abril había comenzado como una rebelión político-militar para derrocar el gobierno de facto del Triunvirato, se tornó en una revolución armada luego de que fracasaran los intentos para lograr un acuerdo entre los dos bandos militares en que estaban divididas las Fuerzas Armadas. A raíz de la intervención militar norteamericana, el conflicto se convirtió en una Guerra Patria, pues los constitucionalistas, que habían empuñado las armas exigiendo el retorno de Juan Bosch a la presidencia y defendiendo la soberanía nacional tuvieron, además, que enfrentarse a la poderosa infantería de los Estados Unidos.

La guerra de 1965 arrojó más de 5,000 muertos y cientos de heridos. Asimismo, agudizó la crisis económica de la nación y reavivó el antagonismo tradicional entre los sectores liberales y conservadores que desde la fundación de la República se han enfrentado tratando de controlar el poder político.

Porque Abril fue, simultáneamente, un intento por rescatar la constitucionalidad, que había sido cercenada dos años antes; una guerra patria, porque a raíz de la intervención militar norteamericana (cuyo propósito fundamental era, y fue, impedir que Juan Bosch retornara a la presidencia de la República) el pueblo se lanzó a las calles para defender su soberanía; y el más auténtico esfuerzo de los dominicanos del pasado siglo por preservar los principios democráticos que nos legaron los fundadores de nuestra nacionalidad.

En más de un aspecto, la revolución de 1965 tuvo para los dominicanos una trascendencia histórica similar a la que tuvieron los movimientos sociales de 1968 en Europa y en otros países cuya dinámica del desarrollo económico, político y social experimentó notables cambios. Solo que en el caso dominicano, la Guerra Patria de 1965 supuso una verdadera ruptura con el ancien regime trujillista, cosa que no logró a corto plazo el tiranicidio de 1961, de forma tal que puede afirmarse que fue a partir de 1965 que la sociedad dominicana entró en un proceso de moderada transformación sistémica, esto es, de transición desde un modelo autoritario hacia una sociedad abierta, pluralista y democrática, que también involucró al estudio de la historia nacional.

En el ámbito intelectual, y al calor de las principales corrientes ideológicas entonces en pugna dentro del mundo bipolar que caracterizó la llamada Guerra Fría, en la República Dominicana emergió un nuevo movimiento intelectual

 

REFERENCIAS

Gleijeses, Piero, La esperanza desgarrada. La rebelión dominicana de 1965 y La invasión norteamericana, Santo Domingo, Editora Búho, 2011.

 

Moreno, José, Barrios in arms. Revolution in Santo Domingo, University of Pittsburgh Press, 1970. Hay edición en español, El pueblo en armas. Revolución en Santo Domingo, Madrid, Editorial Tecnos, 1973.

 

Cassá, Roberto, “La guerra de abril como acontecimiento social, político y económico” en Guerra de abril. Inevitabilidad de la historia, Textos del Seminario sobre la Revolución de 1965. Santo Domingo, Secretaría de Estado de las Fuerzas Armadas, 2002.

 

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